¿Nos estamos quedando con los menos malos?
La cadena educativa ha ido rebajando el listón hasta trasladar sus carencias a la empresa, que no puede suplir lo que otros eslabones abandonaron. Ante la llegada de perfiles cada vez más frágiles en atención, comprensión y criterio, corremos el riesgo de normalizar una mediocridad estructural que limita cualquier posibilidad real de construir talento.