1000 maneras de ser Manager

No existe un único modelo de manager ni un estilo universal de liderazgo. Gestionar equipos implica equilibrar expectativas, tomar decisiones con información incompleta y combinar habilidades técnicas con criterio humano. En realidad, hay tantas formas de ejercer el management como contextos, organizaciones y personas. Quizá por eso existan, en la práctica, mil maneras de ser manager.

ORIOL GUITART

Management

🕒 Tiempo de lectura: 5 minutos

El mito del manual de gestión

Durante años se ha intentado simplificar el management hasta convertirlo en una especie de manual de instrucciones: haz esto, evita aquello, adopta este estilo, lidera de esta manera. La dirección de personas y recursos como si de una receta culinaria se tratara, sin margen para la customización.

En realidad, existen cientos de maneras diferentes de ejercer la responsabilidad de dirigir equipos y gestionar recursos. De ahí el título de este post: 1000 maneras de ser manager. No porque ese sea el número exacto, sino porque refleja bien la diversidad de contextos, personalidades, presiones y expectativas que rodean a cualquier rol de gestión.

La ilusión del manager “perfecto”

Cuando hablamos de un buen manager, muchas veces se introduce de forma implícita la idea de perfección. Pero aquí aparece la primera pregunta incómoda:

Perfecto, ¿para quién?

Un manager puede ser considerado excelente por su superior jerárquico porque cumple objetivos, controla costes y ejecuta decisiones con rapidez. Ese mismo manager puede ser percibido de forma muy distinta por su equipo si lo ven distante, excesivamente exigente o poco empático.

Al mismo tiempo, sus pares dentro de la organización pueden evaluarlo desde otro prisma: capacidad de colaboración, influencia interna, fiabilidad en proyectos compartidos o predisposición a asumir responsabilidades incómodas.

En otras palabras, el mismo manager puede ser simultáneamente valorado, cuestionado y criticado dependiendo del observador. Como dice el proverbio inglés, la belleza (y en este caso, la competencia) está «in the eye of the beholder« (en el ojo del observador).

Y todos esos puntos de vista pueden tener parte de razón.

Un rol que combina múltiples disciplinas

Ser manager no consiste únicamente en dominar un área profesional concreta. Eso, de hecho, suele ser el punto de partida, no el destino. Dirigir implica operar en varios planos al mismo tiempo:

  • Gestión económica, porque hay presupuestos, rentabilidad y eficiencia que cumplir.
  • Gestión operativa, porque hay procesos, plazos y resultados que entregar.
  • Gestión política, porque las organizaciones son sistemas complejos donde influyen intereses, prioridades y equilibrios internos.
  • Gestión humana, porque al final todo ocurre a través de personas.

Este último punto es probablemente el más complejo.

Las organizaciones no están formadas por hojas de cálculo. Están formadas por individuos con motivaciones distintas, niveles de madurez diferentes, ambiciones personales, inseguridades, talento, frustraciones y expectativas.

Gestionar todo eso no tiene una fórmula única. Requiere criterio, experiencia, capacidad de adaptación y, sobre todo, una cierta madurez profesional. Y aun así, incluso con todo eso, el error es inevitable.

El error también forma parte del management

Existe una expectativa tácita que se proyecta sobre quienes gestionan equipos: la de tener siempre la respuesta correcta.

La realidad es bastante distinta. Los managers toman decisiones incompletas con información parcial, bajo presión y en entornos cambiantes. Priorizan recursos limitados, negocian objetivos que a veces son contradictorios y gestionan conflictos que no siempre tienen una solución clara.

En ese contexto, equivocarse no es una anomalía, sino parte estructural del rol. Debemos permitir equivocarnos.

La diferencia entre un mal manager y uno competente no suele estar en evitar todos los errores —eso es imposible— sino en cómo se gestionan cuando aparecen. Aprender, corregir, ajustar el rumbo y mantener la coherencia con el equipo es lo realmente relevante.

Las expectativas: una presión constante

Uno de los elementos más complejos del management es la acumulación de expectativas, estando ese manager permanentemente situado en medio de varias capas de presión:

  • Las expectativas de la dirección, que se traducen en resultados, crecimiento o eficiencia.
  • Las expectativas del equipo, que espera liderazgo, apoyo, claridad y reconocimiento.
  • Las expectativas de otros departamentos, que necesitan coordinación y cumplimiento de compromisos.
  • Y, por supuesto, las expectativas propias, que suelen ser las más exigentes.

Conciliar todo eso de forma equilibrada es extremadamente difícil.

Por eso muchas trayectorias de management están llenas de decisiones imperfectas que intentan maximizar el equilibrio en contextos donde no existe una solución que satisfaga al 100 % a todas las partes.

Más allá de las competencias técnicas

Las competencias profesionales son necesarias. Sin conocimiento del negocio, del sector o de la función que se dirige, es difícil generar credibilidad. Pero el management rara vez se sostiene únicamente sobre ese pilar.

Con el tiempo, muchas de las diferencias entre managers aparecen en dimensiones menos tangibles:

  • Capacidad de escuchar de verdad.
  • Criterio para priorizar cuando todo parece urgente.
  • Capacidad de mantener la calma bajo presión.
  • Honestidad al reconocer errores.
  • Habilidad para construir confianza dentro del equipo.

Estas son competencias humanas y de gestión, no exclusivamente técnicas, y son las que muchas veces determinan si un equipo funciona de forma saludable o termina atrapado en dinámicas de desgaste.

1000 maneras de ser manager

No existe un único estilo válido , ni un arquetipo universal. Y desde luego no existe el manager perfecto. Lo que sí existe es una enorme variedad de maneras de ejercer el rol, cada una con sus fortalezas, sus limitaciones y su propio contexto.

Algunos managers destacan por su capacidad estratégica, otros por su proximidad con el equipo, y otros por su rigor operativo o por su habilidad para navegar organizaciones complejas.

Cada uno de ellos representa, en realidad, una forma distinta de ser manager.

Quizá la reflexión más útil no sea buscar el modelo perfecto, sino aceptar algo mucho más realista: dirigir personas y recursos es una tarea compleja, llena de matices, en la que se aprende constantemente y en la que el equilibrio nunca es definitivo.

Sobre el autor

Oriol Guitart es un experimentado Business Advisor, estratega en negocios digitales y marketing, formador en empresas y Director del Master en Marketing Digital & Innovación en IL3-Universitat de Barcelona.

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