Los 5 Círculos Concéntricos de Valor©
Red General Alcance y visibilidad Red Ampliada Contacto ocasional Círculo Cercano Alta reciprocidad Núcleo Confianza profunda · ~10 Círculo Habitual Valor moderado Cuanto más cerca del núcleo, mayor es el valor relacional NÚCLEO + Valor − Contactos − Valor + Contactos DEL NÚCLEO HACIA LA PERIFERIA
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Núcleo
Confianza profunda
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Círculo Cercano
Alta reciprocidad
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Círculo Habitual
Valor moderado
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Red Ampliada
Contacto ocasional
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Red General
Alcance & visibilidad

Un sistema vivo · En continua transformación · © Oriol Guitart 2025

Low Cost = Bajo Valor Entregado

El precio nunca es caro o barato por sí mismo: siempre depende del valor entregado. El low cost suele implicar renuncias objetivables: asientos más estrechos, materiales más baratos, procesos simplificados. La percepción de valor amortigua la experiencia, pero no cambia la realidad: low cost entrega expectativas ajustadas, no calidad absoluta.

ORIOL GUITART

Marketing

🕒 Tiempo de lectura: 5 minutos

Low cost = low value… ¿es cierto?

El pricing no es caro o barato en términos absolutos. En realidad, el precio solo tiene sentido cuando se analiza como parte de una ecuación en la que siempre intervienen, al menos, dos variables: lo que se paga y el valor que se recibe a cambio. Cuando una de ellas se analiza de forma aislada, el juicio resultante suele ser superficial y, en muchos casos, erróneo.

Cuando decimos que algo es “caro”, en realidad podríamos estar diciendo que el valor percibido no compensa el precio. Y cuando decimos que algo es “barato”, lo que solemos querer decir es que el valor percibido supera —o al menos justifica— lo que hemos pagado.

Sin embargo, la realidad es más compleja, algo esperable cuando en el análisis y la valoración intervienen factores emocionales.

«El valor entregado puede construirse a partir de elementos objetivos —medibles, comparables, verificables—, pero también de otros subjetivos: emociones, percepciones, narrativa de marca, estatus, experiencia, expectativas.»

Estos últimos no son menores; de hecho, son los que lubrican muchos procesos de decisión de compra. Pero no eliminan la existencia de los primeros.

Y aquí es donde el concepto low cost puede mostrar sus costuras.

El low cost y lo objetivable

Cuando hablamos de low cost, casi siempre nos encontramos con renuncias claras y objetivables. En un mundo donde aparentemente cada vez hay menos verdades absolutas, lo objetivable admite poca discusión.

Algunos ejemplos evidentes:

  • En las aerolíneas low cost, los asientos son más estrechos, el espacio para las piernas es menor y el confort general se reduce. No es una opinión: se mide en centímetros.
  • El equipaje deja de estar incluido. El embarque prioritario se paga. La atención al cliente se externaliza o se automatiza hasta el límite.
  • En la hotelería low cost, las habitaciones son más pequeñas, los servicios comunes se minimizan y la limpieza se estandariza al máximo.
  • En la restauración low cost, la materia prima es más barata, los procesos están ultraoptimizados y el tiempo dedicado por cliente se reduce al mínimo viable.

Nada de esto es discutible. Son decisiones operativas coherentes con un modelo de costes extremadamente ajustado. El problema vendría al confundir precio bajo con alto valor.

Moda low cost: la calidad sí es objetivable

El sector de la moda es un caso especialmente ilustrativo, porque durante años se ha intentado camuflar la discusión sobre la calidad bajo el paraguas de la subjetividad.

Pero la calidad, en moda, sí es objetivable, y puede analizarse a partir de dos variables concretas:

  1. La calidad de la materia prima
    El algodón no es siempre el mismo. La longitud de la fibra, su resistencia, su tratamiento y su procedencia influyen directamente en la durabilidad del tejido, su tacto y su comportamiento tras el lavado.
  2. La confección
    Confeccionar no es solo “coser”. En la industria de la moda, la confección incluye:
    • El tipo de costura
    • La densidad de puntadas
    • El refuerzo en zonas de tensión
    • El patronaje
    • El control de calidad en cada fase del proceso

Simplificar la confección para acelerar la producción y reducir costes implica eliminar pasos, reducir controles y estandarizar al extremo. El resultado es un producto que, inevitablemente, se deteriora antes de lo que consideraríamos un estándar razonable.

Y cuando una prenda pierde forma, se descose o se degrada tras pocos usos, la calidad deja de ser una percepción para convertirse en un hecho.

Low cost y la ecuación de Valor

Valor percibido: el verdadero amortiguador

Entonces, ¿por qué seguimos comprando low cost? Porque entra en juego otro elemento clave: la percepción de valor. Esa percepción actúa en dos momentos críticos:

  • Antes de la compra, justificando la decisión.
  • Después de la compra, amortiguando la decepción.

Es el analgésico mental que nos permite decir:

“No ha durado ni dos lavados, pero por lo que me costó, ya me lo esperaba”.

Ese mecanismo psicológico es extremadamente potente. Reduce la disonancia cognitiva y protege nuestra autoestima como consumidores “racionales”. Pero no cambia la realidad del producto ni del valor entregado.

El low cost no busca (ni evita) entregar calidad objetivable, sino expectativas ajustadas.

Low cost y la coherencia entre renuncias y expectativas

El modelo low cost no es, en sí mismo, ni bueno ni malo. Funciona cuando existe coherencia entre lo que se promete, lo que se entrega y lo que se paga, y cuando el cliente entiende —y acepta— las renuncias implícitas en ese intercambio.

En ese contexto, el bajo precio no genera frustración, porque las expectativas ya han sido ajustadas de antemano y se cumple lo siguiente:

  • El cliente es consciente de las renuncias.
  • El valor entregado está alineado con el precio.
  • La experiencia cumple exactamente lo que promete, ni más ni menos.

El problema surge cuando se intenta presentar como valor lo que no es más que una reducción sistemática de costes, o cuando se compite exclusivamente en precio sin asumir las consecuencias estructurales que esa decisión conlleva.

El «precio» significa desprenderse de algo que ya tiene valor por sí mismo -ya que permite adquirir bienes, servicios y experiencias-, pero la contrapartida debe ser entendida y asumida, ya que puede tener consecuencias en comodidad, durabilidad, experiencia o tiempo.

Entender esto es clave, ya que el low cost no elimina la ecuación del valor: simplemente desplaza su peso hacia otros elementos que el cliente acaba pagando de una forma u otra, incluso cuando decide convencerse de que, por lo que ha costado, no podía esperar mucho más.

Sobre el autor

Oriol Guitart es un experimentado Business Advisor, estratega en negocios digitales y marketing, formador en empresas y Director del Master en Marketing Digital & Innovación en IL3-Universitat de Barcelona.

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